Saturday, 22 November 2014

Menuda sarta de tonterías

Soy lectora de El País desde hace muchos años. Supongo que mi afición a este periódico se debe, más que nada, a que es el que se lee en mi casa, y eso tira mucho. Leer otros me cuesta, no por la marca política (todos los periódicos la tienen) sino más que nada por la edición. Me he acostumbrado y otros periódicos me resultan extraños (aún así, he seguido a Enric González a El Mundo y leo Público y El Periódico casi todos los días).

Curiosamente, digo que soy lectora de El País, pero si tengo que ser sincera, normalmente echo una hojeada a la portada, a lo mejor leo alguna noticia, pero realmente lo que leo sin falta cada día son las Cartas al Director. No sé porque esta sección me atrae tantísimo, pero tiene que ver con varias cosas. Primero, es un baremo (por supuesto muy elegido y censurado, ya que no se publican todas las cartas que recibe el director) de lo que piensan algunos de los lectores del periódico, lo cual de alguna forma da una idea de lo que piensa la gente de lo que pasa por el mundo. Por otra parte son cortas, las puedo leer en diez minutos. Por último, me dan la falsa ilusión de que cualquiera puede aparecer publicado en un periódico. Pero tengo que reconocer una cosa: la mayoría de los días, la mayoría de las cartas son tonterías. Y no digo que hablen sobre tonterías, que no siempre, pero sí que son tonterías. Están mal escritas, mal argumentadas o no dicen nada.

Lo preocupante de esto no es que haya gente que no sepa escribir, o que no sepa argumentar, o que no tenga bastante materia en la cabeza como para decir algo que merezca oírse. Incluso puedo admitir que no es preocupante que esta misma gente se siente y decida escribir una carta a un medio nacional (aunque la verdad, ¿por qué? ¿de dónde habrán sacado la idea de que a alguien le interesa su no opinión?). Estas cosas no son preocupantes porque la libertad de expresión existe, con lo cual cualquiera puede decir lo que quiera y lo único que podemos hacer los demás es taparnos los oídos o pedirle que se calle, pero no podemos impedir que digan lo que quieran. Lo que me resulta preocupante es que si, como creo, el director de El País recibe más cartas al día de las que publica, decida publicar las que publica.

Puede haber varias razones para esto, puede ser simplemente que las demás cartas sean todavía más insípidas y estúpidas que las que elige. Pero sospecho que no es así. Sospecho que muchas de las cartas que se publican se publican porque de alguna manera parece que apoyan la agenda política del periódico. Y sospecho que muchas no se publican porque no apoyan esta misma agenda política. Y aquí sí que me encuentro con un grave problema. Porque me gustaría poder leer estas cartas. Al fin y al cabo, el no publicar ciertas cartas (el elegir que cartas se publican) es censura, y aunque es comprensible que no se haga en prensa impresa (por falta de espacio), en la edición digital sería facilísimo publicar todas las cartas recibidas.

Pues eso. Que quiero que El País elija mejor las cartas que publica y que sean buenas, defiendan lo que defiendan (incluso lo indefendible puede escribirse de una manera atractiva, y mientras no se quebrante la ley no habría por qué no publicarlo, de hecho, es importante saber que hay gente que piensa lo indefendible). Y que quiero leer lo que se publica y lo que no, y por qué se publica y por qué no.

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